Joder, y tan alucinante que es el viaje. 0
Y el cronista le ha acompañado. En la alucinación, me refiero.
un alucinante viaje de ida y vuelta, que comenzó en el cabo de Gata, Cádiz,
Y el cronista le ha acompañado. En la alucinación, me refiero.
un alucinante viaje de ida y vuelta, que comenzó en el cabo de Gata, Cádiz,
Un querido amigo me pregunta el otro día: “¿Qué opinas de lo que se comenta, que el gobierno chino subvenciona durante dos años el alquiler de los que quieren poner una tienda?”.
Una leyenda urbana racista y malintencionada, como cuando una panadera me dijo que “los extranjeros tienen todas las ayudas y pueden vivir sin problemas“.
Pero luego comentó algo que encajaba con una idea a la que doy vueltas desde hace tiempo: “Si la ventaja de los chinos es que no tienen otra cosa que hacer y pueden emplear todas las horas en tener la tienda abierta, un parado español debería ser capaz de hacer lo mismo, si no tiene otra cosa debería poner una tienda y estar ahí el tiempo que haga falta, ya que no están dispuestos a cambiar de residencia si se les ofrece un trabajo“. Lo de la escasa movilidad geográfica tiene muchas raices, y una de ellas me lleva a defender que se debería prohibir por ley comprar una vivienda antes de los 35 años, que es momento de echar raices, mientras es de formarse, asumir riesgos, jugártela y poder hacerlo sin estar atado a la tierra, pero eso es discusión de otro día.
Lo que me importa es que en los últimos timepos he visto proliferar tiendecitas que ni siquiera son de conveniencia. Una de las muestras de la pobreza que ví en México (en mi luna de miel en Cancun) fue las pequeñas tiendecitas de lo que las cuñas de radio denominaban “comida chatarra” (cuñas para desaconsejarla, para desincentivar el consumo de patatas fritas y demás acompañamientos). Tiendas de muy escaso valor añadido pero con productos con muchísimo margen (para el productor y distribuidor).
Las veía como la última salida, como la muestra más palpable de lo que era una economía que no se desarrolla, como la única posibilidad de salir adelante es (mal) emplear el tiempo en una actividad poco diferenciada y menos productiva. Ya en alguna nota técnica del IESE sobre iniciativa emprendedora se indica que si lo único que diferencia al emprendedor es su disposición y disponibilidad a entregar a la actividad más horas que el competidor poco futuro se atisba en el negocio que se planea.
Pues me preocupa. No me gusta que en un paseo de apenas diez minutos por el centro de Málaga pueda ver tres (al menos) tiendas con patatas, coca colas, algo de agua y diversos derivados del azucar. Abiertas a cualquier hora. No me parece que sea la salida del país. Admiro a quienes las han puesto en pié, como no se han quedado cruzados de brazos y le han plantado cara a la crisis mas grave que hemos vivido nunca. Pero no creo que sea el camino.
Por cierto, un profesor mejicano nos decía que su abuelo había vivido tantas que creía que la palabra era “cris”, que sólo nos referíamos en plural por su abundancia: “crisis”.
Mi querido amigo terminaba comentando “ya verás cuando el chino se haya hecho con diez tiendas y haya expulsado a todos los que tenga alrededor“. No es que me preocupe si trabaja y prospera, me alegraré, pero si sólo dispone de tiempo podemos aventurar que su ventaja competitiva se agotará muy pronto.
En apenas cinco minutos de callejeros:
En el minuto 2.10, ¿es correcto que ante la sospecha de que el conductor va borracho se le permita seguir conduciendo? Con la excusa de ver si encuentra la finca a la que dice dirigirse no le inmovilizan inmediatamente ni le hacen la prueba del alcohol.
¿Y si hubiera atropellado a alguien? ¿A quien se hubiera podido derivar la responsabilidad?
(Douglas Wambaugh usaba esta defensa en un juicio por accidente de tráfico en “Picket Fences”. Los agentes permitieron a la conductora continuar hasta su casa, a apenas dos manzanas. Provocó un accidente. Pero si estaba incapacitada para conducir, ¿por qué se lo permitieron?)
Un intolerable caso de violencia doméstica: en el minuto 3,20:
“Si”
“Con tirarla a usted o a él (por la ventana)”
“No, a él, a él. Si quiere amenazas, que se tire, pero que no se tire aquí conmigo”
Y el tipo se va esposado al cuartelillo.
10 de abril de 2010, diario el País: France Telecom ante la justicia por acoso moral a su plantilla.
Para probar que France Telecom es mala, muy mala, malísima, dan un dato i-rre-fu-ta-ble: “La proporción de personas que se han quitado la vida en dos años (44 de 100.000 trabajadores) es el triple de la media en un país como España (14 por cada 100.000 en dos años).“.
Claro que, ¿y si comparamos con otro país? No se, a ver. Por telecom no me aparece nada, como decían los Gomaespuma cuando llamaron a información a pedir el teléfono de la policía, ¿puede que venga a nombre de un particular?.
Joder, ¿Y por France?. A ver si mirando en la Organización Mundial de la Salud. ¡Leche!. En 2004, con una tendencia al alza del 50% desde 1995, frente al 20% del resto de europa, se quitaron la vida 19 mujeres y 26 hombres por 100,000 habitantes. Si los sumamos, 45. Menos que en France Telecom. (Sí, estoy mezclando datos de dos años distintos, pero la tendencia siguió al alza y ahora mismo la tasa de 44 por 100,000 es inferior a la media de Francia). (ACTUALIZACIÓN: Sumar los datos de uno y otro sexo para sacar los datos por 100,000 habitantes es mas bien ridículo por mi parte, sobre todo cuando estoy llamando inculto a quien no sabe usar los datos, así que mis disculpas)
En consecuencia, habría que dar una medalla a los responsables de France Telecom. O si no puede ser, que va a ser que no, dejarles en paz con estupideces, que bastantes cosas hay de qué preocuparse, hombre.
ACTUALIZACIÓN: Mañana uno de septiembre subiré las tendencias de suicidios de España y Francia, mostrando las distintas evoluciones de las mismas.
Paseo a mis perros. Veo a lo lejos a un grupo de cinco o seis chavales, de unos trece o catorce años, los más peligrosos (si es que se puede hacer distingo, que los de siete son tremendos, que lo dice el Herrera).
Veo que algo mío les llama la atención. Parece que uno de ellos me mira. Sudo. Me estremezco. Esto no puede acabar bien.
Se acerca. Va a hablarme. Imagino los peores insultos, previos a la más salvaje agresión que hayan visto los tiempos. Tengo muy fresca la presentación de Herrera de su programa el día que hicieron pública la autopsia de arta del Castillo. Como buen carroñero dedicó no menos de cinco minutos a glosar los detalles mas escatológicos de la misma, el relato mas detallado de los puntos mas asquerosos del relato de los hechos. Se notaba que disfrutaba regodeandose en cada puñalada, cada golpe de cenicero, cada herida. Imagino a la pobre familia que seguro le estaba escuchando. Pero era por un fin superior, no por disfrutar con el sufrimiento de la víctima. Las calles están llenas de delincuentes peligrosos de nueve años que hay que encerrar para los restos. Yo estoy a punto de comprobarlo.
Me dice: ¿puedo acariciar a sus perros?. Sólo puedo asentir sin decir nada, paralizado por el terror. Si me niego cualquiera sabe qué puede hacerme.
Juega con ellos, los acaricia, un amigo comenta a otro que le gustan mucho los animales. Parecen estar disfrutando. Yo sigo alerta. Si tengo que salir corriendo, sacrificando a mis queridos compañeros así tendrá que ser. Es mi vida.
Los deja. Me mira de nuevo: “tiene usted unos perros muy bonitos”, me dice. Se da la vuelta. Se aleja.
Por esta vez me he salvado. Algo de mis mascotas ha debido amansar sus instintos más salvajes. Ya ha pasado dos veces con el mismo chico, reincidente además. Pero, ¿qué pasará la tercera vez?
Me voy a casa a escuchar el mensaje apocalíptico de Herrera. ¡Qué juventud tenemos!. Son todos una panda de asesinos.
Veo en similar web las recomendaciones de sitios similares a mi blog mientras lo actualizo.

Ahí a la izquierda: el blog de César Vidal. El oficial, cuidado. No acepten imitaciones.
Sólo me consuela ver que también están la verdaz y Alfredo de Hoces.
Esto, que preguntaba José Antonio Abellán (o podía ser Gomaespuma) en sus bromas telefónicas, ha llegado a el País.
Véase: La mitad de los niños maltratados tienen menos de nueve años. Luego insiste: “La edad de la mitad de los afectados es el perfil más general.”.
Raro sería que no fuera así si consideramos que la muestra es los menores de 18 años, muy mal se tendrían que dar las cosas para que los menores de la edad en el medio de la mitad no fueran el 50%. Siempre se puede argumentar que los mayores puede que devuelvan el maltrato (o sean los maltratadores ellos mismos) pero como tampoco se define qué se entiende por maltrato (lo cual comienza a ser habitual) o que la definición termine siendo tan amplia que es inútil (Málaga hoy, el drama incomprendido de la mujer: “es tan devastador que el hombre insulte a la mujer como que no la escuche cuando ella habla”. ) pues el análisis es un poco complicado.
Pero las maravillas del desconocimiento de las más elementales reglas continúa: “También se dan más denuncias allí donde hay más población. De esta forma, Sevilla ha sido tradicionalmente el origen de la mayoría de denuncias y le siguen Granada, Cádiz y Málaga, aunque no todos los años por este orden.” ¿Es reseñable algo esperable? ¿Se podría haber molestado en sacar un mísero ratio: denuncias por 100.000 habitantes, para poner los datos en un mínimo contexto? Eso hubiera sido trabajar y no cortar y pegar añadiendo comentarios del todo a cien de lo obvio.
Luego indica : “Solo nueve de cada 10 denuncias proceden de los familiares y algo más de dos, de los vecinos. Los amigos, cuidadores o las propias víctimas no suman ni el 2%.” Sólo 9 de cada diez. Y casi dos más de los amigos. Ya vamos por casi once de cada diez denuncias. (En el texto de apoyo se aclara el error: son el 9% y apenas un 1,33% respectívamente pero a estas alturas del artículo ya no me sorprende nada)
Gabriela Cañas publica De trapos y siliconas en el que expone una serie de terribles problemas:
“¿Y qué hay respecto a la prisión degradante de la cirugía estética?”
“Diversos estudios sociológicos señalan que las mujeres que han alcanzado un cierto estatus profesional son justamente las que más cuidan su aspecto físico y no las desempleadas, que dispondrían de más tiempo para ello.” ¿Puede que el cuidado estético tenga que ver con la disponibilidad de dinero para un “lujo” y se descuide en aquellas que no disponen más que de lo justo para sobrevivir? ¿Puede que el nivel socio económico impacte en la dieta y obesidad de las mujeres?
Las actrices tallan sus cuerpos a golpe de dieta y bisturí.
A todo esto, en el mismo periódico se comentan las páginas de youtube con mas éxito: las que se dedican principalmente a consejos de belleza.
Ya sería triste, ya, que las mujeres no puedan hacer lo que les dé la gana y tras el sometimiento tradicional al hombre, ahora se vean sometidas a los caprichos de aquellas mujeres que quieren imponer su visión de cómo deberían ser las cosas. Impagable el comentario de Vampirella en su consultorio sexual hace ya tiempo: “una mujer no debería dejar el trabajo tras ser madre”, que creo incompleto. En mi opinión “una mujer no debería VERSE FORZADA a dejar el trabajo tras ser madre”, y para ello debería recibir toda la yuda y apoyo que necesitara, pero debería poder hacer lo que considerara más conveniente, opine lo que opine Vampirella.
De vestirse como le apetezca podríamos discutir, pero es que lo veo tan obvio, diga lo que diga Gabriela Cañas.
Alejandro V. García nos demuestra, con argumentos irrefutables, en Málaga Hoy, que la prueba irrefutable de que Ninguna de las medidas higiénicas o sanitarias que hemos adoptado a lo largo de los meses para frenar el virus nos ha servido, lo cual es evidente, visto que la pandemia de gripe A contra la que prevenían no se ha producido.
¿Alguien en la sala encuentra un pequeño fallo lógico en el razonamiento?
En las obras completas de Connie Willis me encuentro a un personaje, una niña a la que la autora caracteriza con los chistes que cuenta: “y cuenta chistes de llaman a la puerta (knock, knock)”
El equivalente castellanos erían los chistes de “se levanta el telón”. ¿Debería el traductor haber ajustado el texto para que fuera mas adecuado al contexto del lector en castellano? ¿O debe mantener al original, aunque tenga menos sentido?.
La verdad, no lo sé. Pero me inclinaría por la primera opción.
Sin avisar en una nota al pié de página.
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