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Mayo 25, 2009 by
Israel
En su columna del domingo 24 de mayo, Pérez Reverte nos obsequía con una trabajada clasificación de los hombres: En principio, ante tales situaciones se es un mierdecilla o un tío decente, siendo tales situaciones el presenciar un acto de violencia contra una mujer, y siendo clasificado en función de la decisión de intervenir o no contra al egresor.
Pero si consideramos que el mismo Reverte comentaba en una entrevista que esos mismos chicos mataron y violaron delante de mis ojos. Y eran mis amigos. Y algunos dirán: «¿Y cómo no interviniste…?». Pues porque no, cómo iba a intervenir. Me callé, y suerte tuve, porque, habiéndolo visto todo, no me cortaron el cuello para que no lo contara
Analicemos. Seguramente Reverte no se considera un mierdecilla, faltaría mas. El es un tío decente, así que las situaciones no son comparables. Así que solo cabe buscar las diferencias:
¿Será el tipo de delito? Yo creo que podemos estar de acuerdo en que el artículo 173 y siguientes del código penal, delitos contra la libertad sexual, en contraposición con el 153 y relacionados, de violencia contra la mujer son mas importantes y su incumplimiento conlleva penas mas graves. No debe ser eso.
¿Será la condición del agresor? Claro, si es amigo del testigo se podría argumentar que la obligación de intervenir, so pena de ser un mierdecilla, se atenúa. Claro que también se puede concluir que, como mínimo, nos hemos convertido en cómplices, así que la condición de buena persona para quien es cómplice de violación y asesinato, como que me resulta difícil de encajar. Que si me lo explican con buenos argumentos puede que me convenzan, pero no lo veo fácil, de verdad.
¡Ya lo sé! Es la situación de la mujer: la violada está desnuda. Hombre, ante una provocación así quien es el bueno que se resiste. Demasiado hizo nuestro ídolo con no intervenir alegremente, llevado por las bajas pasiones que desata cualquier mujer en cuanto se desabrocha un botón. No digamos ya si no lleva nada que cubra sus pecadoras cualidades. El que se lo hubieran quitado violentamente no supone una diferencia, por supuesto. Estaba desnuda y basta.
Y la semana que viene, que vuelva a darnos lecciones de moralidad, ¿vale? Y de integridad artística e incorruptibilidad mientras publica “Un día de cólera” y, simultáneamente, acepta ser comisario de la exposición de Esperanza Aguirre sobre el dos de mayo. Que sí, que son todos iguales, pero los que pagan dietas y minutas profesionales son mas iguales que los otros. Y ni una palabrita contra la corrupción de la Comunidad de Madrid, cuando de un articulista de su talante y afán justiciero y vengador contra todos los políticos sería de esperar una monografía de ocho tomos, como mínimo. Por Comunidad pepera corrupta.